miércoles, 20 de julio de 2011

Cuestión de piel.

En un mundo en el que el cariño está sobrevalorado, nos encontramos en la situación de agarrarnos a un clavo ardiendo o ir detrás del primero que nos prometa un poquito de calor. Ni siquiera nos molestamos en exigir mucho más a esa persona que un abrazo diario y un " te quiero " al menos semanal, sin asegurarnos que sea sincero. Nos da igual.
Somos como veletas apuntando según sople el viento.
Es por eso que nos llevamos tantas decepciones a lo largo de nuestra vida. Nosotros mismos las buscamos. Y puede que estemos en todo nuestro derecho de sufrir luego, porque como siempre , el ser humano actúa y después piensa. Somos nuestro propio defecto y nuestro peor enemigo. No buscamos más que hacernos daño a nosotros mismos por el placer de autocompadecernos luego , y así nos va.
Es entonces que pensamos quién realmente merece la pena tener a nuestro lado y ni siquiera nosotros lo sabemos. No nos damos cuenta que no basta con aparentar , hay que sentir.
Y entonces te das cuenta que quizás ni siquiera merezca la pena tenerte al lado a ti mismo. Si ni tú mismo eres capaz de dejar de pensar en ti para ayudarte, nadie lo va a hacer.
Y te encuentras dentro de un espiral que no acaba. Un círuclo vicioso en el cual tú eres el epicentro. Y reaccionas, te das cuenta que el cambio está en ti. Que sólo si tú quieres puedes hacer que tu vida merezca la pena.
Que sólo haciendo lo que te de la gana conseguirás ser plenamente feliz, sin pensar en qué dirán o pensarán. Sin pensar quién quedará a tu lado después. Tú , tú y solo tú. Esa es la clave.

No hay comentarios:

Publicar un comentario